Bobal de San Juan tinto
Bobal de San Juan tinto
Bobal de San Juan tinto
Bobal de San Juan tinto

Bobal de San Juan nace de la ilusión por crear un vino capaz de prestigiar a la uva bobal, variedad que no ha tenido el reconocimiento y la reputación que se merece. La quinta generación de la familia Valsangiacomo junto con Bruno Murciano, Jean Marc Lafage y Modesto Frances asumieron el reto de crear un Vino que expresara la tipicidad Bobal a los mercados internacionales.

Para conseguirlo ha sido de vital importancia contar con la vinculación y la colaboración de los viticultores de la aldea de San Juan (Utiel-Requena) un pueblo que respira bobal por todos sus costados situado en la comarca Utiel-Requena, conocida como el altiplano valenciano, situada a 80 km de la costa mediterránea. Los terrenos agrícolas poseen una altitud que va desde los 580 msnm en la parte más baja hasta los 700 metros en las partes más altas.

El clima es mediterráneo puro, caracterizado por unos veranos secos y calurosos. Los inviernos son fríos, con régimen de temperaturas continental, marcado por grandes amplitudes térmicas. Los meses estivales, donde se produce el desarrollo vegetativo y la maduración de las uvas, coinciden con el mínimo de precipitaciones, siendo un factor muy importante para el estado sanitario del fruto así como la reducción de los tratamientos fitosanitarios.

Un factor importante favorecedor para la maduración de la uva es “el solano”, viento de componente este que comienza a soplar la segunda quincena de agosto y que contribuye a disminuir las temperaturas nocturnas y aumentar la amplitud térmica diaria.

Otro de los motivos, junto con la calidad del viñedo de San Juan, que declinó la balanza hacia la aldea fue la recuperación de depósitos de cemento para elaborar el vino. La bodega cuenta con más de 70 depósitos de este material.

Desde Valsangiacomo tenemos el convencimiento de que, por las características de la bobal, el perfil de vino que estamos elaborando y queremos mostrar al mercado, el cemento tiene que estar muy presente para elaborar vinos de bobal que muestren su tipicidad, respeten el terruño y las características que hicieron famosa a la variedad y la comarca tiempo atrás.

Es la segunda variedad más producida en España, y que a diferencia de otras variedades, no se cultiva en el mundo fuera de la comarca de Utiel – Requena y Manchuela. La planta es vigorosa con sarmientos son fuertes y largos. Se adapta bien a cualquier tipo de formación, aunque mayoritariamente se encuentra formada en el tradicional vaso. Tiene tendencia a ser rastrera, ayudando así a proteger la uva de la acción directa del sol durante los meses de más insolación. Adaptada al clima local es muy resistente a las extremas temperaturas tanto de verano como de invierno.

El racimo medio es grande, alargado, compacto y de forma cónica irregular. El tamaño de los granos y lo apretado de los racimos es uno de los mayores inconvenientes que dificultan la maduración homogénea de la uva por lo que los trabajos vitícolas y la selección de las parcelas se enfocan a la distribución del vigor en la planta, la disminución y mejora del tamaño de los racimos para obtener maduraciones polifenólicas adecuadas sin incurrir en sobremaduraciones buscando el perfil mas fresco y aromático de los vinos.

La uva presenta una pulpa de color rosáceo carnoso y piel de un color violáceo oscuro. En su estado de madurez la baya desprende un original y fragante aroma a frutos rojos, posee un sabor intenso, equilibrada acidez, graduación alcohólica potencial cercana a los 13 grados y taninos rústicos.

La elaboración de los vinos de San Juan se fundamenta en el trabajo sobre la materia prima, la uva. El trabajo con los viticultores se centra en la selección de viñedos marcando las pautas que favorezcan las características que posteriormente se transmiten en el vino. Se modifican prácticas agrícolas tradicionalmente enfocadas a la obtención de cantidad por aquellas que, respetando la identidad de la variedad, favorezcan la calidad como el equilibrio del vigor de la planta, la interpretación de las características edáficas, genéticas y climatológicas de cada viñedo como entidad individual.

La adecuada maduración, marca la entrada de uva en bodega evitando sobre maduraciones innecesarias que perjudicarían el perfil fresco de los vinos que buscamos. El trabajo en bodega, todo en depósitos de hormigón crudo, se fundamenta en la preservación de las características aromáticas de la uva, y la maceración respetuosa durante la fermentación, fundamentalmente a base de delastage y remontados suaves dependiendo de la uva de cada depósito.

Una pequeña cantidad se trasiega a Fûts franceses de 500 litros y el resto del vino realiza la fermentación malolatica y posterior crianza en depósito de cemento hasta el momento del embotellado, donde se mezcla aproximadamente un pequeño porcentaje de bobal de 6 meses de barrica con el vino criado en cemento.